Despelote
(2)
Por:Rolando Breña Pantoja.
Lo dicho. El “despelote” a que nos referíamos en
nuestra columna anterior, como secuela de las declaraciones de López Meneses,
amenaza arrastrar (¿y arrasar?) a toda, o casi toda la dinastía gobernante y
sus principales favoritos. Sin embargo, a la larga las consecuencias serían más
demoledoras, pues significaría la defunción política del nacionalismo o por lo
menos un largo, larguísimo, periodo de hibernación.
Claro, el que estas consecuencias se puedan
concretar algún día, tiene una premisa insustituible y que no genere duda
alguna: que los dichos de López Meneses sean verdaderas y cuenten con pruebas
tangibles. En caso contrario quedarán solamente en fanfarronadas lanzadas
para empantanar la investigación y desvirtuar sus probables responsabilidades.
Por lo pronto, el potente ventilador manejado por
López Meneses ha lanzado una seguidilla de ráfagas de aire envenenado, que toca
lo más encumbrado de la cúpula gubernamental y nacionalista. Ha concretado su
amenaza de revelar el motivo de la visita que le hiciera el Ministro del
Interior: le habría solicitado el favor de interceder ante las jerarquías
militares para obtener su ascenso al grado de General. Lo que hace que esta
aseveración tenga ciertos visos de verosimilitud, es el señalamiento de otro
militar que habría sido el intermediario de quien también consigna el nombre:
el Coronel Fernando Guerrero. Es decir que, aparentemente, habría un testigo
que podría ratificar el hecho y la conversación. Si esto es verdad, el Ministro
no tendría escapatoria y sus negativas de conocer a López Meneses sufrirían una
estrepitosa caída.
Reiteró asimismo que conoce tanto a Ollanta Humala
como a Nadine Heredia y, eventualmente, señala la existencia de alguna reunión
con la pareja presidencial, lo cual ha sido negado tajantemente, como era de
esperarse.
Cabe preguntarse ¿a qué se debe tanta audacia para
afirmar públicamente y con tanta seguridad su conocimiento, incluso amistad con
Humala y su esposa, si ello no fuera verdad? ¿ La seguridad de sus palabras
obedece a que dispone de medios probatorios o es muestra desafiante de poder y
de impunidad para decir lo que le venga en gana, contra quien quiera, llegando
hasta las más altas autoridades, porque cuenta con la fuerza suficiente por sí
mismo o por sus vinculaciones o por la corrupción?.
No es pues, este entuerto un asunto de poca monta.
Involucra sectores públicos de primera magnitud, tanto en la escena oficial
pública y de aquélla que se mantiene en la penumbra o en la oscuridad y,
aparentemente tiene poder suficiente y sobreviviente en las distintas
administraciones gubernamentales. Precisamente, este es el aspecto más
preocupante de este asunto. No tanto si López Meneses, Ollanta Humala y Nadine
Heredia eran simples conocidos o amigos, si coincidieron o se concertaron para
una reunión, si ambos ex militares se tratan desde los tiempos de la Escuela
cuando eran cadetes; todo eso, a la postre , puede llegar a ser meramente
anecdótico e intrascendente, Lo sugerente, por decirlo de alguna manera, es el
tono de convicción absoluta y de actitud retadora de López Meneses sobre el
presidente de la Republica y su esposa, así como la drasticidad de ambos para
negarlo. ¿Tanta beligerancia y tanto “arañarse “por la simple razón de si se
conocen o no, es explicable? ¿ O es que , tanta telaraña, tanto trasiego de
afirmaciones y negaciones, tantos trascendidos y sospechas, tanto posible
involucrado de primer nivel, tantas secretas circunstancias que pueden ver la
luz, buscan esconder hechos, personajes, actitudes que pondrían en la coyuntura
política graves turbulencias y en la vida de ciertos personajes colectivos
consecuencias nefastas?. Todo es posible en la dimensión desconocida que
todavía es todo este asunto. ¿Algún día la madeja mostrara todos sus hilos?.
Parece que algún contendiente en este combate
empieza a recoger sus velas, con el claro propósito de no mostrar más
flancos, de recomponer sus filas y perfilar mejor sus ángulos de defensa y
ataque, hasta hoy erráticos y de magros resultados. La primera Ministra Ana
Jara declara que ha “instruido” a sus Ministros para que no digan una palabra
más sobre el tema, porque su trabajo “es gobernar” y no “distraerse” con estos
asuntos. Parece que la Premier ha sentido el golpe de su poco atinada y
belicosa conferencia de prensa para responder sobre López Meneses, que más que
convencer generó más dudas y opta por una estrategia menos expuesta a la
confrontación, a las respuestas de los oponentes; también, porsupuesto, a que a
menos palabras, menos metidas de pata y menos explicaciones espinosas.
Probablemente deja en manos de sus parlamentarios, como ya sucede, la tarea de
llevar a cabo la diaria guerra de guerrillas; total, ellos están acostumbrados,
les gusta, son numerosos, dicen lo que quieren o lo que pueden, a nadie dan
explicaciones y su “prestigio” no sufrirá más de lo mellado que se encuentra.
A estas alturas, es dudoso realmente, que la
Comisión Parlamentaria pueda concretar sus investigaciones y llegar a dilucidar
todas las dudas e interrogantes. no es solo el problema de si tiene voluntad,
capacidad o medios, sino que los protagonistas principales no quieren actuar de
acuerdo a su guion y dirección. Cada cual tiene su propio guion y su propia
dirección. Es decir, que cada uno tiene sus propios intereses que cuidar.
Si el Gobierno, en este caso, Ollanta Humala tiene
razón en sus posiciones, no existe ocasión más oportuna para demostrarlo que
acudiendo ante la Comisión Parlamentaria. Allí podrá esclarecer debidamente los
cuestionamientos y ponerles fin inmediato. Justamente su negativa,
injustificada constitucional y legalmente, da rienda suelta a todas las
especulaciones, a todas las dudas que jaquean hoy a su gobierno y su propia
conducta personal y partidaria. Incluso en el caso que Nadine Heredia hiciera
presencia, no significará ninguna solución. Al contrario, quedaran al final más
preguntas que respuestas y más debilitadas las posiciones de palacio, de
sus Gabinete Ministerial, de su bancada parlamentaria, es decir de todo su
gobierno.
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